domingo, 12 de junio de 2016

Soy un desastre.
De verdad. Lo soy.
Antes de que me dejes un rinconcito en tus brazos, tengo que explicártelo todo.
Mira, soy complicada, ¿vale?
No sé por qué, pero no sé mantener a alguien a mi lado el tiempo suficiente. Acaban desapareciendo poco a poco de mi vida y lo peor es que no hago nada para que se queden. Un beso en la frente y la puerta encajadita, por si deciden volver. Porque sí, te confieso que perdono. Y olvido. Es un completo error, pero ya te lo he dicho, no sé que hago a veces. Ni yo misma me entiendo. Qué te quiero, que me olvides, después vuelves con esa sonrisa de niño travieso y joder, se me olvida hasta mi nombre.
Odio admitirlo pero a veces pongo mi felicidad en manos de personas que no saben qué hacer con ella. Y joder, que no, que yo soy la única y no me canso de decirlo, pero cuando aparecen personas, así, de repente, y te saca esa parte de ti que tenías escondida, sí, ya sabes, esa niña interior, esas ganas de gritar, reír, de hacer locuras y no pensar en las consecuencias, tu parte racional decide irse por una temporada porque no es bien bienvenida.
Me enamoro con facilidad cuando me dicen todo lo que quiero oír. Un fallo. Que lo sé, que lo único que consigo con eso es acabar con el corazón hecho pedacitos, pero esa sensación...
Aunque ¡eh!, que yo cuando quiero, quiero de verdad. No ahora sí, ahora no. Un poquito hoy, un poquito mañana. 
Te quiero. Sin limites. 
Sí estás conmigo, no tendrás dudas.
Joder, soy adicta a los caricias.
Qué yo soy de las que besan mientras espera a que el semáforo se ponga en rojo, de las de caricias en zonas de tu cuerpo que no debería en lugares que no debería. Quiero que me abraces a todas horas y le hables de mí a cada persona que te encuentres. Muérdeme, déjame marca, quiéreme. 
Las cosas conmigo puede que no sean fáciles. Puedo ponerte de los nervios y seguramente te avergonzaré en muchos momentos. Me río cuando no debería, lloro con facilidad, hablo rápido, a veces tartamudeo y suelto por la boca frases que no son apropiadas.

Y hay pequeñas cositas, como que siempre voy despeinada, muchas veces me verás las uñas mordidas y con restos de pintauñas, los pies negros de andar descalza, incluso por la calle. Tengo una costumbre un poco tonta y no me preguntes por qué, pero tengo que dar un saltito pequeñito antes de llegar a un destino. Me paso el día medio desnuda, tirada en la cama eludiendo mis responsabilidades. Me gusta mojarme y sí, venga, te dejo que pienses mal.

Que te lo repito antes de que te vayas, que soy un desastre, que te sacaré de quicio y te haré enfadar por mis niñerías, pero quédate, ¿no?

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