lunes, 6 de junio de 2016

2 de febrebro de 2015

"Pero entonces, ¿estabas enamorada de él?"

No, joder, no. No.
Enamorarse de él sería como suicidarse. Saltar por el precipicio más alto que encontrases. Sentirías la adrenalina por tu cuerpo al tirarte pero al final acabarías estrellándote. La sensación en tu cuerpo es magia hasta que te das cuenta que te estás cayendo y el final no será bonito.
Así es él.
Lo sabía. Siempre supe que él era así, ya sabes, tiene escrita en su frente la palabra "TÓXICO" en neón. Pero en esos momentos de mi vida, yo parecía como si estuviese en un estado de embriaguez constante mezclado con el repulsivo sabor que te deja en la boca algunas drogas. Veía borroso y no leía bien. Sabía que ahí había algo pero no sabía el qué. O quizás sí, pero no pensaba con claridad o mejor dicho, no quería pensar con claridad.
Tienes 20 años y tienes ganas de vivir. De cometer errores, equivocarte una y otra y otra vez. Hacer cosas por primera vez. Salir, conocer gente, olvídate del mundo por unos instantes.
¿Sabes?
Él era cómo mi primer porro.
Tus padres te repiten mil y una vez que no lo tomes, que es malo para ti y que te puede destruir la vida. Y solo por eso piensas, "quiero saber que se siente, aunque sea una vez". Lo prohibido siempre ha tenido el efecto contrario para mí.
Pero entonces un día, estás en el sitio equivocado y te ves acercándote a la boca ese cigarro. Sin presentaciones, oye. Así era él. Me nublaba la mente y me hacía olvidar todos los problemas por un momento. Estar con él significada reírme mientras disfrutada de su compañía y salir con los ojos rojos llenitos de dolor y un sabor amargo en la boca. Mis amigos me decían que no era bueno para mí, que iba acabar mal y joder, qué razón tenían.
Él te daba una sensación falsa de seguridad. Podría haberme comido el mundo si hubiese querido, pero preferí pasar el rato comiéndomelo a él.
Y al final todo acabó como tenía que acabar.
Te juro que no estaba enamorada de él. Puede que le quisiera...
Bueno, vamos a ser claros. Le quise. Sí que le quise. Por desgracia o no, yo que sé.  Y aún, después de todo, después de que me hubiese arrancado un cachito de mí, no me importaría fumarme otro porro más a su lado.

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