lunes, 23 de mayo de 2016

Querido motorista:


Marzo 2016,


Por si algún día te pierdes por mi perfil y descubres este desastre donde te he dedicado unas cuantas palabras:
No te quiero. 
No estoy enamorada de ti.
No me haces feliz.
No eres el amor de mi vida.

Pero debo confesarte que desde que apareciste, el mundo se ha puesto en mi contra.
Te lo prometo.
Qué a donde mire, sólo apareces tú. 
Ojo, que los domingos los quiero solo para besarte la mandíbula mientras nos quedamos atrapados viendo todas esas películas que tenemos pendiente. O debajo de las sabanas. 
Eres uno de los errores más bonitos que he visto en lo que llevo de vida.
¿Pero tú te has visto esa sonrisa? A veces me sorprende que las personas a tu alrededor no se impulsen a besarte cuando me sacas esa carita de niño bueno con esas pequeñitas arrugitas que te salen alrededor de los ojos que... Ay, qué me pierdo.
Te juro que cuando noto el contacto de la yema de tus dedos en mis muslos, el mundo desaparece y me siento arte por unos momentos. Joder, qué gilipollas soy. Y eres. 
A veces tengo que toser un par de veces y beber un poco de agua para tragarme los "¿Y si hacemos una locura?" o "¿Unos besos y unos meses a tu ladito?". Sobre todo cuando te veo concentrado mirando a todo menos a mí.
Mira, lo reconozco ¿vale? Qué siempre tengo una mínima esperanza de que me llames a las tantas de la noche para decirme que lo has enviado todo a la mierda, menos a mí. Y qué quieres contarme los lunares y pintarme los tatuajes. Y follarme todas las noches en mi cama.

Pero joder, que también te odio, ¿lo sabes?
¿Qué me has hecho? Por favor, sácame a cenar y explícamelo poco a poco, para que yo lo entienda. ¿Dónde has guardado todo lo que te has llevado de mí?
No aguanto tu soberbia, tus mentiras, tus promesas, que no me quieras besar.
Escúchame. Quiero que me cuentes que te hace mal o qué te hace reír. ¿Por qué cerrarte? 
Tú no quieres, tú no proteges. Tu destruyes, arrasas. 
He llegado en el momento equivocado contigo.
Me rindo contigo. He tirado todas mis armaduras y mis armas. 

Pero si alguna vez lees esto quiero que sepas, 
que siempre vas a tener un rinconcito en mi cama por si decides volver a mis brazos.