sábado, 31 de enero de 2015

Desde que tú no estás,
he dejado de tomar alcohol.
Ni una gota, ni un poquito.
Porque vivo con miedo a que mi mente se apague por un momento,
y los gritos que intento callar de mi corazón se hagan más fuertes.
Qué coja el móvil, marque tu número de teléfono y te grite.

Que sin ti, no le encuentro sentido a nada y me apetece menos

salir de mi casa porque sé que a donde vaya no vas a estar esperándome.
Puede que tú no me quieras pero yo a ti sí.
Y tengo guardado en mi un rinconcito, suficiente amor para los dos.
Me presento voluntaria para arrastrar el carro de nuestra relación, yo solita. 
Yo puedo.
Que a mí no me importa, mientras me dejes besarte cada noche.
Y ya sabes, los otros colchones me parecen incómodos desde que ya no uso el tuyo.
Pero que las ganas de vivir aumentan por segundos
y las locuras me parecen  más atractivas si estás conmigo para hacerlas.

Tengo pánico de coger el teléfono y llamarte
 y hacer una tontería,
como decirte que vuelvas.

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