martes, 9 de diciembre de 2014

Día 3

Hoy he salido de la cama. Tenía que ir a la universidad. 
He evitado pensar en ti, pero cuando ha llegado el tren, todo se ha ido a la mierda.
Ahí te conocí.
Mi cuerpo empezó a doler.
En los 17 minutos del trayecto solo he mirado un punto fijo del suelo desgastado.
No quiero pensar en ti.
Pero cómo ya sabes, ese tren pasa por tu casa. 
Me senté de espaldas a la ventana para no verla y evitar que los momentos que he vivido dentro de ella aparezcan.
Pero ha sido imposible.
Aunque no haya visto con mis ojos la fachada de tu casa, mi cuerpo lo ha sentido.
El muro que había construido esa misma mañana al levantarme, había sido destruido. 
Sentía como si alguien estuviera apretándome con fuerza los pulmones. 
No lloré. Había gente a mi alrededor.
Los recuerdos han estado atormentándome toda la mañana hasta llegar a mi casa.
He vuelto a mi cama. He vuelto a mi rutina.
Llorar. Dormir.
Dormir. Llorar.
Llorar. Dormir.
Dormir. Llorar.
Llorar. Dormir.
Dormir. Llorar.

Lloro por tus putos recuerdos. Duermo para evitar llorar. Me despierto y no te veo. Vuelvo a llorar. Duermo para no llorar. 
Y se repite el ciclo.
No como. No salgo. No hablo. No río.

Ojalá pase pronto. Ojalá no te hubiera conocido.

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