martes, 17 de diciembre de 2013

Miro por la ventana de mi habitación.
Llueve.
Dirijo mi mirada a la nada y dejo que todos mis pensamientos me golpeen. Otra vez. Suspiro.
Intento recordar en qué situación me encontraba hace unas semanas, unos meses, un año. Todo ha cambiado en un abrir y cerrar de ojos. Y no sé como sentirme al respecto.
Me miro las uñas de mis manos. Están cortas porque no dejo de mordérmelas. En cambio, un par de semanas atrás, estaban largas y pintadas. No recuerdo habérmelas mordido tan rápido, pero comprendo de que no soy consciente de lo ocurrido esta semana.
Tomo un profunda respiración.
Busco cualquier sentimiento en mi pero no encuentro nada. Intento averiguar si estoy triste o feliz, pero no consigo saberlo. Solamente siento un gran vacío en el pecho.
Las cosas han cambiado. Recuerdo esta semana terrible. Todo ha acabado. Lo que me mantenía con fuerza se marchó dejándome sola. Pero no puedo echarle la culpa, notaba como ya yo no era yo. Decidí dejar marchar al amor y volver a estar sola.
Sola.
Me siento sola. Intento buscar alguien a mi alrededor al qué contar como me siento, o simplemente, cualquier persona que me distraiga de mis demonios. Me siento culpable y siento como si algo se estuviese retorciendo lentamente en mi interior.
Busco distracciones que me hagan olvidar. Que me dejen respirar profundamente sin sentirme mal conmigo misma. Nunca quise esto. Nunca quise hacer daño a nadie. Me siento la peor persona que existe.
Quiero llorar, pero simplemente no encuentro lágrimas. No puedo dejar que todo se vaya de mí. Por una parte, me gustaría soltarlo todo y estar en paz. Pero me alegro de que así sea, de no poder llorar. Me lo merezco.  Merezco sentirme así, merezco este vacío.

Espero que el tiempo lo curo todo. O no.

Vuelvo a mirar por la ventana.
Sigue lloviendo.

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