domingo, 5 de mayo de 2013

Estoy tan acostumbrada a herirme a mí misma que cualquier nuevo golpe no me afecta. El dolor psíquico y físico de la que soy responsable me mata poquito a poco cada día. 
Pero pasan los días y te das cuenta de que eres afortunada de lo que tienes.
No eres bella, no eres inteligente, no eres una señorita, eres vulgar, tienes más defectos que virtudes.
Tienes una guerra interna en ti, una parte de ti te odia y otra te necesita. 
Necesitas que te demuestren que eres importante, o simplemente necesitas un poco de cariño. Aunque sea falso, aunque te sientas como un animal de compañía.
Pero eres feliz. 
El dolor físico tan adictivo cesa, y tu mente simplemente está orgullosa de lo que has llegado a ser. 

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